A seis horas del cierre: Canarias demuestra que la unidad de la izquierda era posible
Luis Campos reivindica el acuerdo alcanzado en Canarias mientras el reloj corre para las fuerzas progresistas en el resto del Estado: «Aquí hemos sabido hacerlo»
Por Manuel Afonso
Apenas quedaban seis horas para que terminara el plazo para registrar las coaliciones electorales cuando Luis Campos, secretario general de Nueva Canarias-Bloque Canarista, resumió en pocas palabras lo que llevaba meses reclamando una parte importante del electorado de izquierdas:
«No nos fallen. Sean capaces de unirse. Quiten lo que les separa y concéntrense en lo fundamental».
En Canarias, al menos parcialmente, ese mensaje ha encontrado respuesta.
Nueva Canarias-Bloque Canarista, Podemos Canarias, Izquierda Unida Canaria y Movimiento Sumar han conseguido concurrir conjuntamente a las elecciones generales del 29 de noviembre bajo una marca que no pertenece a ninguna de las cuatro organizaciones: Unidad del Pueblo Canario (UPC).
No están todas las fuerzas situadas a la izquierda del PSOE —Drago Canarias concurrirá por separado—, pero el acuerdo tiene un valor político difícil de ignorar: organizaciones que durante los últimos años han acumulado diferencias, desencuentros y estrategias distintas han sido capaces de sentarse y pactar una candidatura común.
Y, sobre todo, hacerlo cuando en otros territorios las negociaciones continuaban apurándose hasta prácticamente el último momento.
«Una marca que no es la de ninguno para que pueda ser la de todos»
Campos explicó el acuerdo utilizando una palabra que en política se pronuncia muchas veces pero se practica bastante menos: generosidad.
Generosidad de las cuatro organizaciones para asumir que ninguna podía imponer completamente sus siglas, sus intereses o sus posiciones.
De ahí también la elección de Unidad del Pueblo Canario.
No es Nueva Canarias, ni Podemos, ni Izquierda Unida ni Sumar. Es una denominación compartida con la que pretenden concurrir bajo una misma papeleta y con tres grandes prioridades: la defensa de Canarias, el derecho a la vivienda y el fortalecimiento de los servicios públicos.
Pero seguramente lo más interesante de las declaraciones de Campos no sea el acuerdo canario en sí mismo, sino la reflexión que deja sobre lo que está ocurriendo en el resto de la izquierda.
Meses hablando de unidad y seis horas para demostrarla
Durante meses hemos escuchado declaraciones, conferencias y llamamientos a la unidad.
Hemos oído hablar de responsabilidad histórica, de evitar la fragmentación, de frenar a la derecha y la extrema derecha y de anteponer los intereses de la ciudadanía a los intereses partidistas.
Pero finalmente llega un momento en que los discursos tienen que transformarse en decisiones.
Y ese momento era este.
Quedaban seis horas.
Seis horas para saber hasta qué punto las declaraciones sobre la unidad eran una convicción política o simplemente una frase repetida ante los micrófonos.
Campos apuntaba directamente al problema:
los intereses personales, los intereses partidistas, las realidades territoriales y el tacticismo pueden terminar pesando más que aquello que une.
Canarias demuestra que, cuando existe voluntad política, esas diferencias pueden aparcarse.
No desaparecer. No hace falta.
La unidad no exige que cuatro partidos piensen exactamente igual. Exige decidir qué diferencias son realmente insalvables y cuáles pueden quedar en segundo plano cuando existe un objetivo superior.
¿Qué está realmente en juego?
La cuestión va además mucho más allá de conseguir uno o dos diputados.
Campos plantea estas elecciones como algo diferente a una simple alternancia entre gobiernos.
Su advertencia es mucho más seria: considera que una mayoría de derecha y extrema derecha puede poner en riesgo conquistas sociales acumuladas durante décadas.
Pensiones, vivienda, servicios públicos, derechos sociales y laborales.
Puede compartirse o discutirse el dramatismo de ese diagnóstico, pero precisamente por eso resulta todavía más difícil explicar determinadas divisiones dentro de la izquierda.
Porque si realmente se considera que el riesgo es tan importante como dicen sus propios dirigentes, la pregunta resulta inevitable:
¿qué diferencia entre partidos puede ser más importante que aquello que dicen estar intentando proteger?
Canarias deja una respuesta
El acuerdo canario no garantiza resultados electorales.
La unidad por sí sola tampoco genera ilusión, ni sustituye un programa, ni resuelve los problemas cotidianos de la ciudadanía.
Eso tendrá que ganárselo UPC durante la campaña.
Pero sí demuestra una cosa.
Era posible sentarse. Era posible ceder. Era posible renunciar a que una sigla predominara sobre las demás. Y era posible llegar a un acuerdo.
Canarias lo ha hecho.
A seis horas del cierre del plazo, mientras buena parte de la izquierda estatal seguía intentando desenredar meses de desencuentros, Luis Campos dejó probablemente la frase que mejor resume el momento:
«Desde Canarias, aquí hemos sabido hacerlo».
Ahora corresponde a los electores decidir si esa unidad llega a tiempo, si genera ilusión y, sobre todo, si sirve para algo más que juntar cuatro logotipos en una papeleta.
Pero al menos una excusa acaba de desaparecer:
decir que ponerse de acuerdo era imposible.
