La utopía de seguir viviendo en Valsequillo: viviendas accesibles, arraigo y futuro para nuestros jóvenes y mayores
En Valsequillo existe una realidad de la que apenas se habla, pero que muchas familias conocen perfectamente.
Mientras muchos jóvenes no pueden independizarse y terminan viviendo con sus padres, compartiendo habitación o marchándose fuera del municipio, muchas personas mayores continúan viviendo solas en viviendas que fueron levantadas hace décadas y que hoy ya no responden a las necesidades actuales.
Casas construidas poco a poco, muchas veces mediante autoconstrucción familiar, con enorme esfuerzo y sacrificio. Viviendas que permitieron criar familias enteras y mantener vivo el municipio durante generaciones.
Pero el tiempo pasa.
Y hoy muchas de esas viviendas presentan problemas evidentes:
- humedades,
- mobiliario muy antiguo,
- habitaciones interiores con poca o ninguna luz natural,
- escaleras complicadas,
- desniveles pronunciados,
- accesos difíciles,
- baños poco adaptados,
- y espacios que ya no ofrecen la seguridad ni la comodidad que muchas personas mayores necesitan.
Sin embargo, esas mismas casas siguen siendo parte de la historia familiar de muchos vecinos.
Y quizá aquí aparece una palabra que algunos utilizarán rápidamente al leer una propuesta así:
👉 “utopía”.
Porque hablar hoy de jóvenes quedándose en el municipio, de viviendas accesibles o de recuperar el arraigo familiar parece, para algunos, algo imposible.
Pero tal vez la verdadera utopía sea pensar que un pueblo puede seguir vivo mientras sus jóvenes se marchan y sus mayores envejecen solos en viviendas cada vez menos adecuadas.
Una idea sencilla con sentido común
Quizá el problema de vivienda en Valsequillo no se resuelva únicamente construyendo grandes promociones o esperando proyectos que tardan años en desarrollarse.
Quizá también haya que reorganizar inteligentemente las viviendas que ya existen.
Imaginen un programa municipal donde el Ayuntamiento impulse pequeñas viviendas accesibles, modernas y seguras, destinadas prioritariamente a personas mayores del municipio.
Viviendas sencillas, cómodas, de una planta y adaptadas a esta etapa de la vida. Pero además incorporando algo que hoy ya empieza a ser accesible para muchas familias: pequeñas funciones domóticas orientadas a mejorar la seguridad y la autonomía de las personas mayores.
Sistemas sencillos como:
- iluminación automática nocturna,
- sensores de caída,
- avisos a familiares,
- detectores de humo o gas,
- o controles básicos de emergencia.
No se trata de lujo.
Se trata de seguridad, tranquilidad y calidad de vida.
El objetivo sería claro:
👉 permitir que muchas personas mayores puedan seguir viviendo en Valsequillo, pero en viviendas más adecuadas y seguras.
Y al mismo tiempo, facilitar que las antiguas viviendas familiares pasen a hijos o nietos que hoy no pueden acceder a una vivienda propia.
Recuperar el modelo de nuestros padres… adaptado al presente
Durante décadas, muchas familias de Valsequillo construyeron sus casas poco a poco.
Primero una pequeña vivienda.
Después una ampliación.
Más adelante otra mejora.
No eran viviendas perfectas desde el primer día, pero permitían empezar, formar una familia y quedarse en el pueblo.
Hoy, sin embargo, muchos jóvenes tienen únicamente tres opciones:
- seguir viviendo con sus padres,
- pagar una habitación en una vivienda compartida,
- o asumir alquileres desproporcionados fuera del municipio.
Y aquí aparece una contradicción difícil de explicar.
En muchos casos, una habitación puede costar ya entre 300 y 450 euros al mes, mientras que algunos alquileres o viviendas nuevas se acercan a cifras completamente fuera del alcance de la mayoría de familias jóvenes.
Frente a eso, modelos de vivienda progresiva podrían permitir cuotas similares —en torno a 400 o 500 euros mensuales— pero destinadas a una vivienda propia, estable y vinculada al municipio.
No se trataría de regalar viviendas.
Se trataría de facilitar que la gente pueda empezar.
Frente a las grandes urbanizaciones
Mientras muchas familias buscan simplemente una vivienda digna y accesible para quedarse en el municipio, el modelo que cada vez se impone más es el de grandes urbanizaciones y promociones donde el precio final de muchas viviendas ronda cifras cercanas o superiores a los 300.000 euros.
Promociones pensadas principalmente desde la rentabilidad económica del suelo y no necesariamente desde las necesidades reales del municipio.
Ese modelo consume territorio, encarece el acceso a la vivienda y termina expulsando poco a poco a quienes nacieron y crecieron en el propio pueblo.
Porque cuando el suelo se convierte únicamente en un producto financiero, el arraigo deja de ser prioridad.
Y quizá ahí esté una de las grandes preguntas que Valsequillo debe hacerse:
👉 ¿Queremos un municipio pensado para vivir… o un territorio donde cada vez solo pueda quedarse quien tenga capacidad económica suficiente?
Pequeños proyectos para no romper el tejido del pueblo
Quizá el error de muchas políticas de vivienda está en pensar únicamente en grandes urbanizaciones concentradas y alejadas de la realidad social de los municipios rurales.
En pueblos como Valsequillo, donde las familias mantienen todavía fuertes vínculos entre barrios y generaciones, tal vez tendría más sentido apostar por pequeños proyectos distribuidos.
Actuaciones reducidas, integradas en distintos núcleos del municipio y pensadas para que las personas mayores puedan seguir cerca de sus familiares, de sus vecinos de siempre y de su entorno habitual.
Porque envejecer bien no depende solo de tener una vivienda accesible.
También depende de:
- seguir vinculado al barrio,
- mantener la red familiar,
- conservar relaciones vecinales,
- y no sentirse desplazado de toda una vida.
Al mismo tiempo, eso permitiría que hijos o nietos pudieran seguir viviendo cerca de sus familias, recuperando viviendas tradicionales y manteniendo vivo el tejido social del municipio.
Frente a grandes promociones impersonales, este modelo buscaría algo mucho más sencillo:
👉 crecer sin romper la comunidad.
Hacerlo posible sin esperar diez años
La idea no requiere grandes macroproyectos ni esperar una década.
Podría comenzar con actuaciones pequeñas:
- adquisición de algunos terrenos bien ubicados,
- parcelas municipales,
- o suelo procedente de cesiones urbanísticas.
Además, existen líneas de ayudas públicas destinadas a:
- vivienda protegida,
- rehabilitación rural,
- accesibilidad,
- eficiencia energética,
- envejecimiento activo,
- digitalización y domótica básica,
- y fijación de población en municipios rurales.
Estas ayudas pueden proceder del Gobierno de Canarias, del Estado, de fondos europeos o de programas insulares.
Y aquí el Ayuntamiento también podría marcar una diferencia importante:
si las viviendas se desarrollan mediante proyectos tipo o modelos “en serie”, los costes técnicos y administrativos podrían reducirse considerablemente.
En lugar de que cada familia tenga que empezar desde cero, se podrían simplificar proyectos, abaratar licencias y reducir tiempos de tramitación.
Rehabilitar antes que expandir
Este modelo tendría además otra ventaja importante:
reducir la presión sobre el territorio.
En lugar de seguir ocupando suelo de manera dispersa o extender continuamente nuevas urbanizaciones, se apostaría por recuperar viviendas ya existentes y darles continuidad familiar.
Porque quizá el problema de Valsequillo no sea únicamente la falta de viviendas.
Quizá el verdadero problema sea que muchas familias ya no encuentran la forma de seguir viviendo en el pueblo donde nacieron.
Los mayores necesitan viviendas más cómodas y seguras.
Los jóvenes necesitan una oportunidad para empezar.
Y el municipio necesita seguir teniendo vida.
Tal vez esta idea sea una utopía.
Pero a veces las utopías no sirven para demostrar lo imposible, sino para recordarnos hacia dónde deberíamos caminar.
