Luis Monzón cede el testigo de “3 Días de Farándula” a Aitana tras veinte años de historia
El relevo generacional marca el 20º aniversario del festival de Valsequillo, que abre una nueva etapa con la incorporación del cine y nuevas disciplinas artísticas
El Festival Internacional de Payasos “3 Días de Farándula” ha cerrado su vigésimo aniversario con un cambio especialmente significativo: Luis Monzón deja la primera línea de la dirección y cede el testigo a su hija, Aitana Monzón, después de dos décadas vinculadas a uno de los encuentros culturales más reconocibles de Valsequillo.
El relevo no supone, sin embargo, una ruptura con lo construido hasta ahora. Para Luis Monzón, el festival se ha convertido con los años en “una hija más del pueblo de Valsequillo”, nacida y desarrollada en el municipio y que ahora debe afrontar una nueva etapa.
El fundador reconoce que le habría gustado disponer de mayores medios y presupuesto para hacerlo crecer todavía más, pero confía en que Aitana pueda darle un nuevo impulso tanto dentro como fuera del municipio.
Aitana Monzón: crecer dentro de la Farándula
Para Aitana, asumir la dirección tiene además una dimensión personal. Cuando nació “3 Días de Farándula” apenas tenía un año y reconoce que haber crecido en una familia vinculada al arte y la cultura ha condicionado su manera de entender la vida.
La nueva directora define incluso al festival como “mi hermana” y asume que ponerse al frente de un proyecto consolidado después de veinte años supone una importante responsabilidad.
Su intención es mantener la esencia del encuentro, pero al mismo tiempo hacerlo evolucionar progresivamente y abrirlo a nuevas formas de expresión artística.
El cine entra en la Farándula
Una de las primeras señales de esa nueva etapa ha sido la incorporación del audiovisual.
Aprovechando también los estudios de cinematografía de Aitana Monzón, padre e hija decidieron introducir el cine en la programación mediante un certamen exprés de cortometrajes, inspirado en experiencias como el Festivalito de La Palma.
El resultado ha sido el I Certamen de Cortos “3 minutos de Farándula”, desarrollado junto a la Asociación Cultural Majapapa.
La iniciativa contó con 15 cortometrajes y 35 personas inscritas para formar los equipos, una participación que la organización considera un buen punto de partida para continuar explorando en próximas ediciones la relación entre el cine, las artes escénicas y el mundo del clown.
Una edición especialmente emotiva para Luis Monzón
El vigésimo aniversario dejó también uno de los momentos más personales de estas dos décadas.
Luis Monzón recuerda cómo, durante la presentación del certamen de cortometrajes, Aitana le pidió inesperadamente que subiera al escenario para dirigir unas palabras al público. La emoción le impidió prácticamente hablar.
Para el fundador, contemplar a su hija responsabilizándose de un festival con proyección internacional convirtió esta edición en una de las más emotivas desde su nacimiento.
Más allá del relevo familiar, Monzón reivindica que Valsequillo continúe contando con un festival internacional y multidisciplinar capaz de reconocer tanto el trabajo de los artistas como el de muchas personas anónimas que durante años han sostenido el proyecto desde detrás del escenario.
Veinte años construidos también desde el anonimato
Precisamente ese trabajo tuvo un reconocimiento especial durante la entrega de los Premios Farándula 2026.
Óscar Suárez, Pipo, Cristo Cano, Pedro Pérez, Tomás Ruano, Tamara López y El Naciente fueron distinguidos en una edición en la que Luis Monzón quiso poner en valor a quienes, durante estas dos décadas, han aportado tiempo, trabajo, recursos y compromiso para mantener vivo el festival.
Para Monzón, muchas de estas personas han realizado durante años un trabajo prácticamente invisible, aunque fundamental para que “3 Días de Farándula” alcanzara sus veinte años de trayectoria.
Un festival que quiere seguir perteneciendo a Valsequillo
El fundador insiste además en que el futuro de la Farándula no depende únicamente de quienes la organizan.
Su aspiración es que el festival termine siendo asumido como propio por el pueblo, de manera similar a lo ocurrido con otras manifestaciones culturales nacidas desde colectivos locales.
Y, por encima de todo, sitúa al público como la pieza indispensable del proyecto.
Luis Monzón resume su deseo para los próximos años en una imagen sencilla: una plaza llena de niños, disfrutando, riendo y sorprendiéndose con los espectáculos, y un público que abandone cada edición con ganas de regresar al año siguiente.
Con Aitana Monzón al frente comienza ahora una nueva etapa. Cambia la dirección, se incorporan nuevos lenguajes artísticos y aparece una generación distinta, pero permanece el objetivo con el que nació el festival hace veinte años: hacer de Valsequillo un lugar de encuentro alrededor del arte, el humor y la cultura.
