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Valsequillo despide hoy a Benigno López Monzón

Valsequillo despide a Benigno López Monzón
Valsequillo despide a Benigno López Monzón

Valsequillo pierde hoy a uno de esos hombres cuya vida puede contarse a través del trabajo, la familia y los recuerdos. Benigno López Monzón, fundador de Muebles Benigno, ha fallecido dejando tras de sí no solamente una conocida trayectoria empresarial, sino también un extraordinario legado familiar y una de las colecciones particulares de objetos históricos más singulares del municipio.

Hablar de Benigno López Monzón es hablar de una generación que entendió el trabajo de una manera muy distinta a como lo conocemos hoy. Una generación en la que muchas empresas comenzaron prácticamente desde cero, a base de esfuerzo, intuición, sacrificio y muchas horas de trabajo.

De una tienda de comestibles a Muebles Benigno

La historia empresarial de Benigno tiene unos orígenes humildes.

En 1957, María Monzón y Jacinto Hernández, sus suegros, abrieron una tienda de comestibles en Telde. No era, sin embargo, su primera experiencia comercial: anteriormente habían tenido otro establecimiento en Valsequillo, mostrando ya desde aquellos primeros años el vínculo de la familia con ambos municipios.

En aquella tienda de Telde comenzó a trabajar Benigno López, que era su yerno.

Pero Benigno tenía inquietudes comerciales propias.

Mientras desarrollaba aquel trabajo comenzó a abrirse camino en otro sector: la venta de muebles y electrodomésticos. Lo que inicialmente era una actividad modesta terminaría convirtiéndose, con el paso de los años, en una empresa conocida por generaciones de familias grancanarias.

Así nació Muebles Benigno.

Y detrás de aquel proyecto estuvo también su esposa, María Hernández Monzón, compañera inseparable de aquella aventura empresarial y cofundadora del negocio.

Benigno y María pertenecieron a esa generación de matrimonios en los que empresa y familia prácticamente caminaban juntas.

Construyeron un negocio, pero sobre todo construyeron una familia.

Telde fue su vida empresarial; Valsequillo, parte de sus raíces

La historia de Benigno quedó inevitablemente asociada a Telde por su actividad comercial y por el nombre de Muebles Benigno.

Pero Valsequillo ocupó también un lugar muy importante en su vida.

Ya existía una vinculación histórica a través de la familia de su esposa, cuyos padres habían tenido anteriormente un comercio en el municipio antes de establecerse en Telde.

Y con el paso de los años ese vínculo se hizo todavía más profundo.

En la última etapa de su vida, Benigno residió en Valsequillo, muy cerca de su extensa familia, disfrutando de la cercanía de los suyos después de una vida marcada por el trabajo y la actividad empresarial.

Pero había además otra faceta de Benigno que quizás no conocían quienes solamente asociaban su nombre al mundo del mueble.

Era un auténtico enamorado de las antigüedades y de los objetos capaces de contar historias.

El museo de los recuerdos de Benigno

En Valsequillo fue formando durante décadas una extraordinaria colección particular.

Lo que comenzó de forma casi anecdótica terminó convirtiéndose en un verdadero museo de antigüedades y coleccionismo.

Allí no encontramos únicamente objetos viejos.

Encontramos memoria.

Útiles de labranza, herramientas de antiguos oficios, objetos de la vida doméstica, monedas, recuerdos familiares, piezas procedentes de viajes, objetos donados por otras personas y numerosas antigüedades fueron ocupando aquel espacio hasta formar una colección capaz de transportar al visitante a otras épocas.

Y seguramente ahí se encuentra una de las partes más hermosas del legado de Benigno López.

Porque quien guarda una herramienta antigua no conserva solamente hierro y madera.

Conserva las manos que la utilizaron.

Quien guarda un viejo apero de labranza está conservando también la memoria del agricultor que trabajó con él la tierra.

Quien conserva aquellos objetos domésticos que hoy parecen insignificantes está guardando una pequeña parte de la manera en que vivieron nuestros padres, nuestros abuelos y nuestros bisabuelos.

Benigno entendió, quizá intuitivamente, algo tremendamente importante: las cosas también cuentan la historia de los pueblos.

Un empresario que también coleccionaba memoria

Por eso su figura merece ser recordada desde dos perspectivas aparentemente distintas pero que, en realidad, tienen mucho que ver.

Por un lado está Benigno el empresario.

El hombre que comenzó desde abajo, que trabajó, emprendió y contribuyó a levantar una empresa familiar cuyo nombre terminó formando parte del paisaje comercial de Gran Canaria.

Y por otro está Benigno el coleccionista.

El hombre que durante décadas fue recogiendo objetos que otros quizá habrían tirado, pero en los que él veía historia, recuerdos y valor.

Una faceta construyó futuro.

La otra se empeñó en que no perdiéramos el pasado.

Una vida rodeada de familia

Pero seguramente ninguna empresa ni ninguna colección explica completamente a una persona.

Para comprender realmente la vida de Benigno López hay que mirar también a la gran familia que deja detrás.

Porque después de tantos años de actividad empresarial, de establecimientos, muebles, electrodomésticos, objetos antiguos y recuerdos acumulados, sus últimos años transcurrieron precisamente cerca de aquello que posiblemente tenía mayor valor para él: su familia.

Valsequillo terminó convirtiéndose así en el escenario de esa última etapa.

El mismo municipio que ya aparecía en los primeros capítulos de la historia comercial de la familia volvió a aparecer también en los últimos.

Hay algo especialmente simbólico en ello.

La vida llevó a Benigno por el mundo empresarial y vinculó para siempre su apellido con Telde, pero finalmente fue en Valsequillo, entre familiares, recuerdos y aquella enorme colección construida durante décadas, donde encontró su espacio en los últimos años.

El verdadero legado de Benigno

Hoy, con su fallecimiento, probablemente muchas personas recordarán primero Muebles Benigno.

Otros recordarán al comerciante.

Otros al empresario.

Sus familiares recordarán al padre, al abuelo, al tío o al familiar cercano.

Y quienes hayan tenido la oportunidad de entrar en aquel particular museo de Valsequillo recordarán seguramente al hombre capaz de explicar la historia que escondía cada objeto.

Todos ellos estarán hablando de la misma persona.

Benigno López Monzón.

Un hombre perteneciente a una generación que construyó mucho con muy poco.

Que hizo empresa cuando emprender significaba arriesgar prácticamente todo.

Que creó junto a su esposa una familia extensa.

Y que, cuando podría haberse limitado a disfrutar de todo lo conseguido, dedicó también parte de su vida a preservar aquello que nuestra sociedad iba dejando atrás.

Por eso quizá su museo adquiere desde hoy un significado todavía mayor.

Ya no contiene solamente los recuerdos que Benigno quiso conservar.

Ahora contiene también el recuerdo de Benigno.

Y sería hermoso que esa colección, cuidada durante tantos años y continuada por su familia, pudiera permanecer en el tiempo como testimonio de una época y de una manera de entender la vida.

Porque las personas desaparecen, pero algunas consiguen dejar señales detrás.

Benigno López Monzón dejó muchas.

Una empresa.

Una extensa familia.

Miles de recuerdos.

Y un pequeño rincón de Valsequillo donde buena parte de nuestra historia continúa esperando que alguien abra la puerta, mire aquellos objetos y pregunte:

“¿Y esto para qué servía?”

Mientras exista alguien dispuesto a responder esa pregunta, una parte de la memoria que Benigno quiso salvar seguirá viva.

Descanse en paz, Benigno López Monzón.

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