A cuenta de Maquiavelo
«El sabio hace de inmediato lo que el necio hace al final».
(Maquiavelo)
ALGUIEN HA TILDADO DE «MAQUIAVÉLICOS» A «ACLARANDO VALSEQUILLO»
Hace unos meses, coincidiendo con el derrumbe del gobierno de Fco. Atta, alguien nos dijo, de manera espontánea y mirándonos directamente a la cara:
—Ustedes llevan varios años machacando al grupo de gobierno. ¿No les parece que se están pasando un poco de la raya? Son algo «maquiavélicos» en sus planteamientos y comentarios políticos.
Nos lo tomamos con naturalidad. No nos sorprendió el comentario ni nos molestó la franqueza de nuestro interlocutor. A estas alturas de la vida, y con unos cuantos años ya acumulados en la mochila, uno debería haber aprendido que las críticas, cuando se hacen de frente y con respeto, forman parte del juego.
Y si después de 70 años, en lugar de aceptar que alguien pueda pensar diferente, uno acaba dando puñetazos por la espalda o tirando latas de cerveza a la cara a quien nos critica, probablemente es que no hemos aprendido gran cosa.
Así que «aclaramos» a nuestro crítico cuál es nuestro punto de vista sobre el asunto y seguimos conversando con absoluta normalidad.
Nos gusta que nos digan las cosas a la cara, exactamente de la misma manera que nosotros procuramos decirlas. Y hay una diferencia importante: cuando alguien no quiere escucharnos, ponemos nuestras opiniones por escrito.
Al día siguiente, cuando volvimos a la carga con nuestras críticas, siempre dentro del terreno político, nos acordamos de aquella conversación y de una palabra en particular: «maquiavélicos».
No teníamos, ni tenemos, intención alguna de cambiar nuestro estilo. Pero el calificativo nos despertó la curiosidad. Sobre todo porque, en el lenguaje cotidiano, «maquiavélico» suele utilizarse como sinónimo de perverso, manipulador, calculador o falto de escrúpulos.
Así que decidimos conocer un poco mejor al personaje que dio origen al término.
Y la lectura resultó bastante más interesante de lo que esperábamos.
¿QUIÉN FUE REALMENTE MAQUIAVELO?
Nicolás Maquiavelo fue uno de los grandes pensadores políticos del Renacimiento y, probablemente, uno de los personajes históricos más malinterpretados.
De su apellido nació el adjetivo «maquiavélico», que la cultura popular terminó asociando casi exclusivamente con la maldad, la manipulación y la ausencia de escrúpulos. Sin embargo, su pensamiento fue bastante más complejo.
Maquiavelo trató de estudiar la política no desde cómo debería ser, sino desde cómo realmente es.
Observó el poder, las ambiciones humanas, los conflictos, las alianzas, las traiciones y las decisiones que toman quienes gobiernan cuando tienen que enfrentarse a situaciones concretas.
Por eso se le considera uno de los grandes precursores del llamado realismo político.
No escribió para pintar un mundo ideal. Escribió para intentar comprender el mundo que tenía delante.
Y ahí está, precisamente, una de las claves de su pensamiento: separar el análisis de la política de los deseos, las buenas intenciones o los principios que, en ocasiones, chocan con la realidad del poder.
Maquiavelo no fue simplemente el «villano» que la cultura popular ha construido con el paso de los siglos. Fue, sobre todo, un observador incómodo, incisivo y profundamente interesado en entender la naturaleza humana y los mecanismos del poder.
Y quizá por eso sigue siendo tan actual.
Porque cambian los nombres, cambian los partidos, cambian las instituciones y cambian los escenarios, pero determinadas conductas humanas parecen tener una resistencia extraordinaria al paso del tiempo.
Desde nuestra humilde atalaya, reconocemos que utilizamos con frecuencia la sátira y que, cuando consideramos que hay algo queda señalar, apuntamos al centro de la diana. Unas veces con más puntería que otras, por supuesto. El pulso tampoco es siempre el mismo.
Pero lo hacemos sin demasiados remilgos y, sobre todo, desde la crítica política.
Por eso, después de conocer algo más sobre Maquiavelo, tampoco nos parece especialmente ofensivo que alguien nos llame «maquiavélicos».
No porque nos identifiquemos con todas sus teorías. Ni mucho menos.
Simplemente porque entendemos que analizar el poder, cuestionar a quienes lo ejercen y señalar sus contradicciones no tiene por qué ser algo negativo.
Algunas de sus frases siguen dando que pensar:
«Me gustaría enseñarles el camino del infierno para que se mantengan apartados de él».
«Es mejor ser temido que ser amado, si no puedes ser ambas cosas».
«Los hombres ofenden antes al que aman que al que temen».
«El sabio hace de inmediato lo que el necio hace al final».
«Un príncipe nunca carece de razones legítimas para romper sus promesas».
Estemos de acuerdo o no con ellas, las frases de Maquiavelo tienen algo en común: obligan a mirar la política sin maquillaje.
Y quizá esa sea la verdadera razón por la que, cinco siglos después, su nombre siga provocando tanto debate.
Así que, a cuenta de Maquiavelo, seguiremos haciendo lo que sabemos hacer: observar, opinar, criticar y, cuando haga falta, señalar.
De frente.
Y si alguien decide llamarlo «maquiavélico»…
Bueno, ahora al menos sabemos de dónde viene el calificativo.
Antonio Sosa Robaina es vecino del Valle de San Roque y exmilitante de ASBA.
